domingo, 21 de julio de 2019

Hay mas mujeres que hombres

El problema matemático de las mujeres educadas que no encontraban pareja

En la era de Tinder, los resortes del sexo son cualquier cosa menos desconocidos. Todos sabemos lo que queremos —y a quién queremos— en la cama. Pero encontrar a alguien con quien llevar las cosas más allá del romance de dos noches...

... no es tarea sencilla.

Parece de perogrullo decir que tú éxito en esa empresa —la de buscar pareja— dependerá de quién seas y qué busques, pero es así. Y no hablamos de tu carácter difícil ni de tus habilidades sociales ni de tu atractivo físico. Hablamos de algo tan poco sexy como la demografía.

Es de cajón. El "mercado del apareamiento" también se rige por las leyes de la oferta y la demanda. Y en ese mercado, las mujeres heterosexuales con formación universitaria lo tienen peor que el resto. Va en serio.

Habla de esa mujer joven centrada, educada, atractiva, con inquietudes intelectuales y preocupada por su carrera, que se las ve y se las desea para encontrar un hombre a la altura de sus expectativas. ¿Dónde están los tipos decentes?, se pregunta. ¿Están todos cogidos?

Si tú eres quien le arrima el hombro a esa amiga cada vez que se sienta malquerida, condenada prematuramente a una eterna soltería, aquí va una idea sobre lo que deberías decirle la próxima vez que te toque consolarla: el problema no eres tú; es la estadística.

Un juego asimétrico

Está lejos de ser tu típico consejero de consultorio sentimental. Su reputación se la debe a su trabajo como periodista financiero y analista tecnológico para publicaciones como Fortune. Por eso no es de extrañar que su aproximación al tema del dating se base en la fría digestión de data y números.

Intrigado por la experiencia personal de una amiga de mediana edad con poca suerte en materia de relaciones, se lanzó a estudiar el mercado de las parejas en EEUU desde un punto de vista demográfico, y su principal conclusión no podía ser más simple: hay déficit de hombres.

Al menos, en el estrato que él se propuso observar: gente heterosexual, con estudios superiores, y en busca de relaciones de pareja serias y duraderas entre "iguales". Carne de matrimonio para toda la vida, vaya.

Las estadísticas demográficas de EEUU hablan de 1.05 hombres por cada mujer. Ellos son mayoría. Pero la cosa cambia cuando se introduce la variable de la educación superior.

El año pasado, en EEUU se graduaron un 35 por ciento más de mujeres que de hombres. Esa diferencia lleva a que el número de mujeres en los veintitantos que han pasado por la facultad y permanecen desparejadas sea un 33 por ciento mayor al número de hombres en la misma situación. Y la realidad es similar, aunque con distintas intensidades, en buena parte del mundo occidental.

En España, por ejemplo, la proporción de mujeres es del 50,75 por ciento frente al 49,25 por ciento de hombres, según datos del Instituto Nacional de Estadística. En las aulas universitarias, sin embargo, ellas ganan de forma más clara: 55 por ciento, y en aumento, según cifras del Ministerio de Educación.

Dedica su tiempo a repasar los factores sociales y demográficos que han contribuido a esa sorpasso femenino —la píldora anticonceptiva y las motivaciones derivadas del acceso de la mujer al mercado de trabajo, factores biológicos como la más rápida maduración intelectual de la mujer, leyes antidiscriminación, etc.—, pero lo que le importa, más que la historia, es el presente y su aprovechamiento práctico.

Un presente que explica recurriendo al clásico juego de las sillas: por cada cuatro mujeres, hay tres sillas. Tres hombres. Y en el futuro próximo, serán dos sillas por cada tres mujeres. Hay que pelear para encontrar asiento romántico. Esa es la realidad.

Porque la realidad dice que, al menos en EEUU, la mayoría de las mujeres con estudios superiores no acepta salir con gente sin esos mismos estudios. Es una cuestión de clasismo, de percepción social, y de perspectivas económicas.

Argumenta sobre la necesidad de educar mejor a los jóvenes varones en un mundo en el que, cada vez con más frecuencia, los chicos se están quedando por detrás de las mujeres en términos de rendimiento académico.

Para el autor, ese gap en materia educativa no es sólo malo para ellos, sino también para ellas: a menos hombres educados, peor lo tendrán las mujeres para encontrar una pareja de su agrado.

O eso, o rebajar el listón. Y a nadie le gusta rebajar el listón.

Las ventajas del bien escaso

Más interesante que la constatación de la escasez de hombres "educados" en términos comparativos resultan los puentes que tiende con realidades contemporáneas como la cultura del polvo de una noche.

Hablamos, claro, de ese comportamiento predominante en los campus —y fuera de los campus— que nos lleva a querer acostarnos con cuanta más gente mejor, sin ningún tipo de compromiso.

Esa "cultura del polvo" la exploró llegando a conclusiones poco positivas. En su manera de banalizar el sexo hasta convertirlo en una tarea indiferente, un trámite sin gracia, esa cultura puede acabar "siendo tan opresiva como la propia abstinencia", sostiene la autora.

Y no sólo lo decía ella: lo decía el 41 por ciento de los más de mil estudiantes que entrevistó, y que a menudo definían sus experiencias como "lamentables, "vacías", "miserables" e incluso "abusivas".

Todo eso, es consecuencia del déficit de hombres.

Y la antropología parece darle la razón.

El autor alude en su libro a estudios con especies animales de tendencias monógamas que han demostrado que alterando la proporción entre individuos de uno y otro sexo dentro de una población se logran cambios significativos en el comportamiento sexual del grupo. 

Es decir, la cultura de apareamiento dentro del grupo puede pasar de la monogamia a la poligamia dependiendo de que los machos sean mayoría o minoría.

El factor determinante es, pues, la disponibilidad. Cuando existe escasez de un sexo, el otro trata a sus parejas como un bien valioso. De manera similar, un superávit en uno de los sexos lleva a comportamientos promiscuos y desleales en el otro. Es una cuestión de evolución adaptativa, y también de oferta y demanda. La biología y la teoría económica coinciden en esto.

A la luz de esas pautas, recomienda: si eres una mujer joven y soltera, y buscas un marido con estudios, mejor será que te mudes a zonas con una estructura demográfica más favorable a tus intereses. O que optes por una carrera de ciencias o con una fuerte carga matemática y tecnológica. O que cambies los lugares por los que sales y seas más agresiva en tus aproximaciones al sexo opuesto... porque la cosa se va a poner peor para tí con el paso del tiempo.

Se trata de invertir los escenarios, para aumentar tus probabilidades.

El mensaje es claro: el contexto importa. Casi más que tú misma.

La lógica de la utilidad contra el flechazo

Afirma que su intención con a las mujeres proporcionando una serie de datos para que ellas puedan tomar mejores decisiones en relación a sus elecciones sexuales, sus citas y su búsqueda de alguien con quien llegar al altar. Y quizás la mayor flaqueza del libro resida ahí: en su asunción del casamiento como el deseo último de cualquier mujer heterosexual.

En un tiempo en el que el matrimonio y la monogamia pierden terreno en favor de la soltería por elección, la pareja de hecho y las relaciones poliamorosas, la visión y las recomendaciones pueden sonar extemporáneas, pero nadie puede negar la existencia de un "mercado matrimonial". Y ese mercado responde a una necesidad compartida por millones de personas.

Ahí, la evidencia estadística apunta hacia terrenos que poco tienen que ver con la intuición, el azar o los caprichos del corazón.

La lógica de la utilidad dicta que, a la hora de buscar pareja, cuanto más grande sea el mercado en el que nos movemos, más posibilidades tendremos de hacernos con un buen partido.

viernes, 19 de julio de 2019

Que buscas aqui en tinder

Algunos perfiles de mujer en tinder son cuanto menos curiosos. Se definen como viajeras, que practican varios deportes, van al gimnasio, corren, vuelan, montan en globo, hacen submarinismo, cocinan (y ponen fotos de ellas mismas haciendo todo eso)

Digo yo y digo bien que con una vida social tan atareada... ¿qué hacen en tinder y de dónde piensan sacar tiempo para estar con ese hombre que dicen que andan buscando?

Ah, y parece que es obligatorio eso de indicar que no se buscan aventuras de una noche ni sexo.

Hay un chiste rulando por facebook como idea de negocio: comprar a una chica de tinder por lo que vale, y venderla por lo que dice que vale.

Ignoro si los perfiles masculinos son igual, así que el mismo chiste se podría emplear para los hombres en tinder. Que a la hora de hacerlo mal, da igual seas hombre o mujer.

domingo, 14 de julio de 2019

Soy un cornudo

Y aquí os presento a la que fue mi mujer, poniéndome los cuernos. La foto se la hice yo, aunque la idea de ponerme los cuernos tanto en la realidad como en la foto, fue suya.

De siempre he sido un cornudo. Creo que todas las mujeres con las que he estado a excepción tal vez de las que fueron rollo de una noche me los han puesto, y yo feliz que hayan tenido la suficiente confianza conmigo como para decirlo.

Yo ni les digo a las mujeres que vengan, ni les pido que se vayan: ellas vienen y se van cuando les sale del alma, y mientras están conmigo ni se me ocurre pedirles fidelidad sino todo lo contrario. Quiero que prueben, experimenten, se equivoquen y que si encuentran un hombre mejor que yo hagan lo que crean conveniente, pues la vida sólo se vive una vez.

Cornudo consentido. El más cornudo de toda Málaga.

lunes, 8 de julio de 2019

No me huelas el tanga

Conoces a una mujer que te gusta y tú también le gustas a ella y no se sabe cómo pero acabáis en la cama y después de... reparas en un tanga que hay en el suelo, en la mesita de noche o en una esquina de la cama y que antes no estaba allí. Lo coges e instintivamente te lo llevas a la nariz y lo hueles aunque sin mucho afán, que todo hay que decirlo.

Si te ven, estás perdido.

¿Qué haces oliendo mi tanga, pervertido?

Y tú buenamente intentas explicarle que has estado veinte minutos, media hora o el tiempo que haya hecho falta, comiéndole el coño y que mientras se lo comías, también lo olías. Que la nariz y la boca están muy juntas y que simplemente estás recordando lo que hace un rato olías.

Es inútil razonar con las mujeres. Te dice
¡ES DISTINTO!
mientras te lo arrebata y bien se lo pone o bien va directo al bolso y te prohíbe volverlo a oler.

Distinteces femeninas que nunca entenderé.

sábado, 6 de julio de 2019

Ligar con un travesti

Escribo esto con gotas de sudor frío cayéndome por la frente...

Resulta que estoy de vacaciones, y he estado indagando en Tinder a ver si encontraba algo para picar entre semana. Me dio match una chica morena de pelo rizado, muy delgada y con dos pechos que parecían bastante prominentes, así que entablé conversación con ella; pasado un rato le dije de quedar, y acordamos vernos en un bar que frecuento. Como el camarero, es amigo mío, le dije que si llegaba antes podía acercarse a él y comentarle que me estaba esperando; y así de paso fardaba un poco de ligue con mi viejo amigo.

Llegué unos minutos tarde porque no encontraba sitio para aparcar, y cuando crucé la calle y enfilé la puerta del bar, me encontré con el camarero limpiando las mesas de fuera. Al saludar ya percibí que tenía una expresión muy rara en la cara, como si se hubiese asustado. Entré... y no veía a la chica. Unos viejos jugando al mus por allí, un señor solo en la barra por allá, uno en una mesa del fondo tomándose una cerveza, una pareja joven...

Me dirijo a la barra a esperar sentado cuando oigo una voz grave como la de Joaquín Sabina de resaca, y al girarme veo que el chico del fondo del bar que se tomaba la cerveza me llama con la mano levantada. No sabía que quería, así que me acerqué.

Esos 10 metros fueron los peores de mi vida. Un par de pasos me bastaron para enfocar una silueta con unos rasgos que intuían los que había visto en aquellas fotos de Tinder, pero digo intuían porque lo que estaba viendo era como la versión de Aliexpress. Me digo a mi mismo que no podía ser; sigo acercándome, y veo que se quita la coleta y el pelo rizado le cae alrededor de la cara, y me quedé completamente bloqueado.

Me puse ante la mesa y mi querido ligue se levanta y me extiende la mano. 'Hola cari, soy Paula, encantada'.

'Paula' era un tipo de metro ochenta, con un mentón duro y una mandíbula prominente, nuez marcada, la sombra de barba en bigote, patillas y mentón; y unas cantidades industriales de maquillaje, pintalabios, ralla al ojo... además de una voz grave que si la escuchas un domingo de madrugada por la calle echas a correr porque piensas que te va a atracar un politoxicómano. Un travelo como la copa de un pino, al que preferí no mirar el paquete por miedo a que abultara más que el mío.

Tenía la mano extendida, pero es que yo estaba paralizado. Escuchaba cuchichear al camarero a mi espalda, y en ese momento no supe como reaccionar. Es la primera vez en mi vida que me quedo tan bloqueado y en ese momento entré en un estado letárgico en el que no era dueño de mí mismo. Agarré y me marqué un moonwalk hasta la puerta mientras Paula daba la vuelta a la mesa y se acercaba a mí; y cuando llegué a la puerta eché a correr como alma que lleva el diablo hasta el coche.

Pero Paula no se quedó en el bar, no. Echó a correr detrás de mí, gritándome 'espera, espera'; mientras yo miraba hacia atrás con cara de pavor y apretaba a correr más fuerte cada vez. Veo que casi estoy donde mi coche, lo abro desde lejos, y cuando me faltan unos metros veo que Paula me adelanta por la derecha y se pone entre el coche y yo. Estaba sudando y el maquillaje se le estaba corriendo, dejando una estampa parecida al Joker que realmente me estaba intimidando y ya estaba casi apunto de llamar a los Mossos.

Empezó a decirme que yo realmente le había gustado (nos habíamos conocido ayer ) y que quería formar una familia, que me veía como el padre de sus hijos. Mis pulsaciones se dispararon y le pedí por favor que me dejara entrar al coche, a lo que va y me agarra el paquete en medio de la calle diciéndome que sabe como tener a un hombre contento (nos ha jodido...) Me zafé de ella como pude y le dije que de acuerdo, que esperara ahí mientras sacaba el coche y que me avisara si iba a rozarme con el de detrás (había un metro entre uno y otro, pero bueno).

Total, que se quedó ahí plantada diciendo cosas como 'suave, cari', 'endereza' y demás; mientras que yo estaba viendo como podía colocar el coche para marcarme un Need for Speed. Cuando lo tenía ya medio sacado miré por el retrovisor, vi que no venía nadie, y me marqué una salida épica dejando media goma en la carretera. La mala suerte se alió conmigo de nuevo y el semáforo que había al final de la calle estaba rojo, a lo que yo veía venir a Paula al trote por detrás, dispuesta a cazarme de nuevo. Fueron unos segundos horribles en los que me caía el sudor por todos los lados, pero al final se puso verde cuando Paula aún estaba a unos metros, arranqué en otra salida magistral y escapé de ahí.

sábado, 29 de junio de 2019

Abandonar a una gorda en el mac donalds

Llevo ya un tiempo en el mundo de los solteros y como no podía ser de otra forma en nuestro siglo XXI, tengo Tinder. Lo típico: unas semanas cae alguna y otras no me como un rosco. Pues resulta que la semana pasada me dio match una tía que parecía bastante guapa en las fotos, una rubia de ojos azules que parecía que acababa de aterrizar de Ucrania.

Sigo el rollo, empezamos a hablar, y quedamos ayer a las 7 de la tarde. Me arreglo, cojo el coche y voy al punto donde habíamos quedado, una esquina de una calle bastante ancha y despejada. Pero van pasando los minutos y nada, que no aparece. Había un viejo leyendo el periódico, una pareja adolescente morreándose, una gorda con el móvil y grupos de chavales por ahí; pero de mi ligue ucraniano ni rastro. Y hostia, yo tampoco soy un top model, pero me cuido. Lo que tenía enfrente se había abandonado a sí misma por lo menos desde cuando gobernaba Felipe González.

A las 7 y veinte o así la llamo a ver donde está. Me dice que está allí, y yo le digo que estoy justo al lado de los contenedores en mi coche. Cuando veo a la gorda del móvil, que ahora lo tenía pegado a la oreja, levantarse, mirarme y levantarme la mano para saludar, me entraron unos sudores fríos y unas palpitaciones que a punto estuve de acelerar y llevarme por delante tanto a la gorda como al viejo del periódico, pero me contuve por no ir a la cárcel.

Total, que se sube al coche, y vaya tela. Rubia y de ojos azules era, sí, pero pasaba ampliamente de los 100 kilos cuando apenas mediría 1,60. Lo que viene a ser una diosa griega que se ha comido al resto del Olimpo, vamos. La tía nada más subir me dice que vayamos al centro comercial, y yo con el papelón de mi vida. En los treinta minutos de trayecto la tía me contó que había tenido muchas parejas, pero que todas estaban locas y que lo que mas odiaba eran las mentiras (hija de puta, ¿tú has visto la foto que usabas en Tinder?) Decía que ella se entregaba a la mínima, que yo le gustaba muchísimo y que conmigo quería ir despacio (la había conocido dos días antes). Me cayó, además, una charla de diez minutos sobre el feminismo, los cánones de belleza y la poca importancia del físico en una relación (nos ha jodido...)

Ya en el centro comercial lo primero que hace es ir a mirar ropa. Entra a un Zara, coge unos vaqueros de tiro alto 'como unos que tenía' y va a pedir talla a la dependienta. Cuando dijo que quería una 'XXXL' (porque a partir de determinado número pasan ya a letras) y la dependienta le dijo que no había, pollo al canto. Yo ya no sabía donde meterme, empezó a gritar y a decir que una multinacional así tenía que tener tallas siempre, que si cánones de belleza y blablabla.

Yo muerto de la vergüenza, claro. Iba por el centro comercial con la cazadora abrochada hasta la nariz y la capucha puesta, mirando a todos lados mientras rezaba por no ver a nadie conocido, diciendo a la gorda que es que yo era muy friolero. Llego a tener un pasa montañas y me lo pongo también. La gorda hizo un par de incursiones en una tienda de té, porque 'el té me ayuda a estar en paz conmigo misma' y de viajes, porque 'su gran pasión es viajar'. También dijo que le gustaba el cine, pero cuando le pregunté por sus tres directores favoritos se limitó a decir que había ido a ver la última de 50 sombras de Grey y que le había gustado mucho.

Total, que llega la hora de cenar. Yo ya ni propuse nada, fue ella la que señaló un McDonalds y dijo que la comida de allí tenía el sello Q de calidad, que lo había visto en la tele, así que no era tan mala como nos hacían pensar. En la puta cola yo ya no me aguantaba más y le comenté que en la foto de Tinder estaba muy cambiada, y su respuesta fue, literalmente 'es que para esas cosas suelo coger fotos de modelos de Internet que se parezcan a mí, porque ya sabes, no todos son como tú, hay hombres que ven a una tía con unos kilos de más y salen corriendo'.

A los cinco minutos dijo que estaba cansada y que se iba a coger sitio, que pidiera yo. Y claro, otro papelón: ¿cuánto comería esta tía?.

Como no sabía que hacer pedí tres CBO con sus tres patatas y tres Cocacolas, cinco de nuggets de pollo, dos McFlurrys, dos BigMac con sus dos patatas y dos Fantas de Naranja y una ensalada César de pollo. Me giré, la vi sentada en la mesa de espaldas con medio culo grasiento desbordándose por fuera de la silla, y decidí añadir cuatro hamburguesas de un euro, por si acaso.

Llevo la bandeja a la mesa y la tía empezó a engullir como jamás había visto, comiéndose las dos BigMac en menos de cuatro minutos. Mientras comía estaba enfadada, decía que 'normalmente no come tanto, que suele cenar fruta, pero que su genética era mala y por eso engordaba con facilidad' (todo esto mientras se metía tres nuggets a la vez en la boca). La estampa era tremenda, verla comer con ese ansia, una hamburguesa en cada mano y rodeada por bandejas mientras en mi lado de la mesa no había nada y me limitaba a mirar con cara de póker; era terrible.

Vi el percal y ya de perdidos al río, aprovechando que ahora no había cola fuí y pedí trece hamburguesas de 1€ (la dependienta flipando). Dije que me iba al baño y que acercaran ellas la bandeja a la mesa (no tuve ni que especificar a cuál), y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Corriendo literalmente, llegué a la otra esquina del centro comercial en dos minutos, salí, me subí al coche, y me hice el trayecto de vuelta a casa a 140 por hora, llegué y di dos vueltas a la llave por si las moscas. Me borré el Tinder y la bloqueé del WhatsApp.

Pero ahora, con perspectiva, me estoy sintiendo bastante mal. La gorda no ha dado señales de vida, aún, y no sé que pensar. Aunque por otra parte, pienso que la abandoné en su hábitar natural.

¿Hice bien?

martes, 11 de junio de 2019

Ligar con una chica muy especial

Tengo 25 años, mido 1,57 y peso 93 kilos, no he trabajado en mi vida pero estoy haciendo un módulo de peluquería.

Busco hombre que tenga buen físico y que sea guapo, además tiene que ser atento y caballero conmigo, que me haga reir, que sepa valorarme, que tenga trabajo estable y altos ingresos, que le guste salir, ir de compras, invitarme a cenar, llevarme a sitios, que no sea celoso, que no sea controlador, que tenga coche y casa propia, que me trate como merezco porque yo soy muy especial.

Abstenerse baboso, cuerpoescombros y don nadies.

No me hagáis perder el tiempo, soy una chica muy especial, valgo mucho, siempre me lo dicen.
No estás tratando con una cualquiera esto... soy muy especial, sí, muy especial.